sábado 20 de agosto de 2011

Los alegres muchachos de Tottenham. Sobre los disturbios en Gran Bretaña

No cabe sino condenar el derramamiento absurdo y cruel de sangre humana que en el transcurso de estos hechos se ha producido. Dicho lo cual, se hace necesario precisar que esta para nada debe asimilarse ni compadecerse con aquella otra condena, mendaz y miserable hasta el vómito, de quienes, como el primer británico David Cameron, su gobierno y sus fuerzas de seguridad (así como la práctica totalidad de la clase política británica, la clase corporativa de la City financiera londinense y aquella parte de la prensa británica que informa a su dictado), no pueden oponer a los vándalos de Tottenham más autoridad moral que la de constituir una trama criminal de rango muy superior, más organizada y mejor armada, acostumbrada a saquear países enteros en lugar de tiendas de ropa y electrodomésticos, y que recuenta sus muertos, no de uno en uno ni de cinco en cinco, sino por muchos cientos o miles, en las muescas de sus teléfonos Blackberry.