Partiendo de este escenario previo ya plagado de sombras y ángulos muertos... ¿podría la presente crisis económica tener como efecto colateral el inclinar aún más la pendiente autoritaria por la que hace años se desliza la Unión Europea, rematando el sueño de prosperidad de la zona económica común en una pesadilla política autoritaria, en la que la pretendida inevitabilidad de los planes de ajuste neoliberales -frente a la cada vez más extendida y organizada indignación de las gentes y pueblos de Europa- se convierta en excusa para una regresión democrática generalizada y violenta? Hasta la fecha, la respuesta de la ciudadanía europea al saqueo de sus economías y el desmantelamiento de sus derechos sociales y laborales se ha visto enclaustrada en los respectivos ámbitos nacionales, y rara vez ha ido más allá de la expresión testimonial del descontento, limitaciones que la hacen -sin en absoluto infravalorar su positivo valor intelectual y moral- radicalmente insuficiente para, en el áspero terreno de los hechos, desbaratar el curso de las cosas diseñado desde el comando neoliberal europeo colegiado por corporaciones y gobiernos. Si estas limitaciones se superasen, y un auténtico movimiento paneuropeo de desobediencia civil activa -y vocación abiertamente destituyente- plantase cara a la gestión neoliberal de la crisis europea y sus artífices -al modo, por ejemplo, en que los movimientos populares argentinos se echaron a las calles en diciembre de 2001, para deponer a un gobierno no mucho más despótico ni corrupto que la actual dirigencia de la UE-, ¿qué podría suceder?Seguir leyendo en Kaos en la Red, Rebelión, Diario Octubre.
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