viernes, 1 de abril de 2011

La batalla del Mediterráneo. Sobre las revueltas en el mundo árabe y la intervención militar en Libia

Que la intervención militar extranjera ha impedido una matanza atroz en los territorios rebeldes es un hecho difícilmente discutible, ateniéndonos a los hechos consumados y las declaraciones de intención del propio Gadafi. Que dentro de cinco años las fosas comunes de la intervención extranjera pueden dejar pequeñas a las que hubiera causado la represión del tirano no resulta, a la vista de los antecedentes pretéritos e inmediatos, una hipótesis improbable. Si los intereses y las estrategias (esto es, la vileza y la ineptitud) de Occidente en Libia siguen la estela de lo acaecido en el África negra y Oriente Medio -y ninguna evidencia sólida nos hace a día de hoy pensar lo contrario-, el país puede encontrase a las puertas de un matadero interminable y, al cabo, de la completa desintegración y devastación. Con la significativa novedad de que una “somalización” de Libia (un Estado fallido, fraccionado, gobernado por señores de la guerra y azotado por la violencia sectaria), frente a frente con la Europa mediterránea, introduciría una variable decisiva en el proceso en curso de confrontación entre las democracias europeas y la emergente dictadura de los mercados. En plena crisis económica y bajo la amenaza del desmantelamiento de las conquistas sociales y políticas de los últimos 200 años, un conflicto cuasi-fronterizo prolongado sería una bendición para el gran capitalismo europeo: las naciones en guerra son en general menos exigentes con sus gobernantes en términos de derechos políticos y sociales.

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