martes, 13 de octubre de 2009

La conexión Berlusconi. Algunas reflexiones sobre corrupción y democracia en Europa

Berlusconi no debe provocar la risa sino el lamento, porque en Italia no se está viviendo un sainete, sino una tragedia: la demolición desde dentro del Estado de Derecho y la democracia, en beneficio de un nuevo tipo de régimen político en el que lo corrupto y lo violento, lo mafioso y lo fascista, alcanzan una virulenta amalgama de rápida propagación y violentamente corrosiva sobre la vida pública y las instituciones. Desde la II Guerra Mundial, el Estado y la mafia han cohabitado y combatido en Italia en una compleja dialéctica, que ha concluido con la victoria de la mafia y la completa colonización mafiosa del aparato del Estado. Desde la II Guerra Mundial, las pulsiones fascistizantes de la cultura política italiana han latido con violencia en los márgenes de la esfera pública y en las cloacas del Estado: hoy, el alcalde de Roma, antiguo escuadrista de ultraderecha, es recibido en su toma de posesión por centenares de energúmenos que le ofrendan el tradicional saludo fascista. Un sonriente Silvio Berlusconi posa a su lado. Nadie se esconde de los fotógrafos. A la vista del mundo, mafia y fascismo, coaligados, han ganado la partida en Italia. Los incontables canales de televisión, radios, periódicos, editoriales y agencias publicitarias del magnate y primer ministro han obrado el milagro (subrayemos lo de "milagro", en consideración al importante papel que también la jerarquía eclesiástica italiana y el Vaticano han desempeñado en su ascenso). ¿Y la izquierda? Al menos hasta ahora, apenas una testimonial nota a pie de página en esta historia ominosa, aplastada en las calles y en las urnas por la arrolladora potencia del "acontecimiento Berlusconi", e incapaz de repensarse y reconstruirse a sí misma a la altura del desafío histórico que el berlusconismo le presenta.

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