La política-espectáculo de Berlusconi, su talante personalista y plebiscitario, su fascinación de magnate generoso y mujeriego, han seducido durante tres lustros a las masas de televidentes y votantes italianos con sus chistes, su estilo machista, sus meteduras de pata, su ascenso social, sus triunfos electorales, incluso las victorias y los fichajes de su equipo de fútbol (esta semana paralizó la comunicación del fichaje de Kaká hasta el lunes para no dejarse un solo voto) [...]. Muchas de esas jóvenes se han limitado, trágicamente, a encarnar el modelo de sus padres, el conformismo de esa desencantada generación pos-68 que se quedó adocenada ante el televisor en los años ochenta y noventa viendo cómo la Democracia Cristiana se disolvía, cómo Bettino Craxi se exiliaba, cómo la otrora brillante izquierda italiana se convertía a la caída del Muro de Berlín en una casta oligárquica, aburrida y alejada de las necesidades de la gente [...].
Toda Italia está en el juego, todo el país lo sabe, el problema es que todos lo cuentan, pero nadie lo dice con su nombre. Sátrapas, emperadores, monarcas y comendadores han llenado históricamente sus salones de jovencitas, pero ahora la gente tiene miedo, la omertà es condición indispensable para que la hipocresía no termine, la información está bajo control directo o indirecto del emperador (publicidad institucional, subvenciones públicas, promesas, créditos...), si alguien se sale del tiesto le puede costar el puesto [...].
La entrada de las velinas [azafatas] televisivas en la política, que se encuentra en el origen de esta crisis moral, era la consecuencia inevitable de la historia y del sistema. Forza Italia nunca ha sido un partido, sino un grupo de tifosi, de empleados comandados por Dell'Utri que reclutaron a toda prisa a la plantilla entera de secretarias de Publitalia en 1994 para llenar a tiempo las listas. Su sucesor, el Pueblo de la Libertad, tampoco es un partido, más bien un aluvión de consejeros medianos, gestores sumisos y rostros bonitos sin tradición, ideología, bases. La televisión y la propaganda como única política; y la política se hace en televisión. Italia sigue siendo el paraíso del enchufe, el que no tiene un amigo está huérfano, y el gran jefe electricista se llama Silvio. Silvio aggiustatutto.
Seguir leyendo Anatomía de Berluscolandia, de Miguel Mora, en El País.
Otras lecturas de interés:
Franco "Bifo" BERARDI, ¿Basta la democracia para oponerse a la violencia del capital?, en Kaosenlared
Francisco MORICHE MATEOS, El padrino, en Rebelión.
José SARAMAGO, La cosa Berlusconi, en El País.
Gorka LARRABEITI, Silvio Duce, en Rebelión.
Gianni FERRARA, Un riesgo enorme para la democracia republicana italiana, en Kaosenlared
Alberto ASOR ROSA, Más que el fascismo, en Rebelión
Juan ARIAS, Mi triste Italia, en El País
Rosendo González, Repensar Berluscolandia: porno-fascismo y espectáculo, en La ciudad tecnicolor

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