viernes, 21 de noviembre de 2008

La ecuación Barack Obama

El pasado 4 de noviembre Barack Obama ha ganado por una abrumadora mayoría de votos electorales y una diferencia favorable de más de ocho millones de sufragios populares. Se trata de una victoria formidable, que ha tenido como primera consecuencia cerrar el paso a cualquier tentación de un nuevo fraude electoral-judicial-mediático de los neoconservadores y que, aparentemente, debería garantizar un muy amplio margen de maniobra al nuevo presidente.Pero es también una victoria que aloja una difícil paradoja en su interior. El imponente carisma personal y las arrolladoras habilidades comunicativas de Obama le han permitido ponerse al frente de una excepcional convergencia estratégica entre las multitudes productivas y los excluídos de siempre, por un lado, y aquellos segmentos de las élites políticas, económicas y militares tradicionales desplazadas por la camarilla de Bush, por el otro, unidos en su horror por la deriva esperpéntica, ruinosa y sangrienta del neoconservadurismo. Pero, y esta es ahora la pregunta fundamental, ¿qué tipo de régimen político pueden constituir ambos actores después del 21 de enero, una vez cumplido el objetivo común de derrocar al régimen neoconservador? Será en la vasta y compleja dinámica interna de la ecuación de fuerzas heterogéneas del movimiento que le sustenta, y también en su capacidad personal para ejercer un arbitraje proactivo entre ellas, donde se dirimirá la verdadera naturaleza constituyente del gobierno de Barack Hussein Obama.

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